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Budistas y neurocientíficos acercan posturas

por Judy Lin (UCLA Today)
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18 de mayo, 2011 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

Para la neuropsicóloga de la UCLA Susan Bookheimer, la investigación muestra que el cerebro humano produce conexiones con la empatía - “sentimos” el sufrimiento físico o emocional de otra persona a través del sistema neuronal del espejo de nuestro cerebro, que envía mensajes electroquímicos que estimulan los centros del dolor en nuestro propio córtex cerebral cuando somos testigos del sufrimiento de otra persona.

Para el académico budista Robert Thurman, las prácticas budistas, que se remontan a miles de años atrás, asocian la compasión con nuestro sentido de identidad personal y nuestra conexión con los demás. Cuanto más ágil y flexible es nuestro sentido del yo, más abiertos y empáticos somos con los compañeros de viaje de esta encarnación humana.

Ambas perspectivas se dieron cita en “Budismo y Neurociencia: un Debate sobre la Atención, la Flexibilidad Mental y la Compasión” en el Royce Hall el 2 de mayo, patrocinado por el Center for Buddhist Studies, el Semel Institute for Neurocience and Human Behavior y el International Institute. El simposio, originalmente creado para incluir al Dalai Lama, reunió a investigadores del Semel Institute for Neurocience and Human Behavior de la UCLA junto con eminentes académicos budistas en una conversación de dos horas acerca de su diferente aunque complementaria comprensión de la compasión, la creatividad, la flexibilidad mental y la atención, así como del papel que la meditación puede desempeñar en el cultivo de estas cualidades.

Sentado en el centro, como moderador de ambos grupos, se encontraba el director del Semel Institute el Dr. Peter Whybrow. “Podrías verlo como el lado contemplativo (budismo) y el lado empírico (neurociencia) del cerebro humano,” dijo. “El conocimiento subjetivo y objetivo se hacen uno en la atención plena.”

Los neurocientíficos de la UCLA eran Bookheimer, Joaquin Fuster profesor de neurociencia cognitiva; el psicólogo de investigación Lobsan Rapgay, director del programa de formación clínica para profesionales de la salud mental en el Mindfulness Awareness Research Center; y Robert Bilder, profesor de psiquiatría y ciencias de la conducta y psicología del Michael E. Tennenbaum.

Representando la perspectiva budista estaba el distinguido profesor de la UCLA Robert Buswell, director del Center for Buddhist Studies; Robert Thurman de la Columbia University, profesor de estudios budistas indo-tibetanos del Je Tsongkhapa; y Thupten Jinpa, académico budista tibetano y traductor de SS el XIV Dalai Lama.

Originalmente estaba programado que el Dalai Lama asistiese al simposio, pero canceló su asistencia por enfermedad. Con un largo interés en la convergencia de la espiritualidad y la ciencia, ha escrito, “estoy convencido de que una estrecha colaboración entre nuestras dos tradiciones investigadoras, el budismo y la ciencia, puede contribuir de manera significativa a elaborar un conocimiento del complejo mundo interno de la experiencia subjetiva al que llamamos mente.”

La investigación de Bookheimer sobre las conexiones del cerebro en la empatía y la compasión ha desvelado algunos hallazgos problemáticos: la habilidad de sentir a los demás puede cortocircuitarse en personas que experimentan una sobrecarga de dolor u otro input negativo.

“El cerebro es realmente un instrumento de equilibrio,” dijo Bookheimer, “entre el arousal emocional y el control.” Si, por ejemplo, una persona experimenta de manera repetida situaciones que le provocan miedo, el cerebro se protege a sí mismo suprimiendo la respuesta. Con el tiempo, esta persona se hace menos sensible a los sentimientos – a los suyos propios así como a los de los demás.

La meditación puede ayudar en esto, dijo Thurman, deteniendo los mecanismos supresivos y permitiendo expresar los aspectos más discretos del cerebro – en definitiva, cambiando los hábitos mentales. En el budismo, dijo, “el papel de la mente es por tanto importante...para crear el cerebro.”

El psicólogo Rapgay, que fue monje budista tibetano durante 18 años, ha explorado el valor terapéutico de la atención plena para mitigar la ansiedad. Muchos de nosotros, dijo Rapgay, tenemos el hábito mental de poner nuestra “atención selectiva” en preocupaciones insidiosas como los problemas financieros o de salud – problemas que, en muchos casos, son más imaginarios que inminentes.

En la ansiedad, dijo Rapgay, “reducimos nuestro foco sobre la amenaza percibida. La parte de nuestro cerebro encargada de procesar la información visual se centra en la amenaza y envía señales a la amígdala, el centro de la respuesta de 'lucha o huida' de nuestro cerebro.”

Adiestrar la mente para ampliar ese estrecho foco puede ayudar a mitigar la ansiedad, pero ninguna terapia occidental lo consigue, dijo Rapgay. Rapgay está investigando en busca de soluciones en las formas clásicas de meditación, remitiendose a textos antiguos en los que el Buda enseñaba la disciplina de controlar la atención.

Bilder, en sus estudios de creatividad, examina lo que él llama “el ciclo de acción-percepción,” un patrón de ondas cerebrales que se repite cada 300-400 milisegundos. “La creatividad se halla en el límite del caos” explicó, describiendo cómo este ciclo ocurre una y otra vez conforme una persona percibe y procesa nueva información y decide que nueva acción realizar, si así lo considera, como respuesta. Este proceso creativo es un equilibrio dual entre la novedad y la utilidad, la flexibilidad y la estabilidad – una dualidad, señaló, que ha sido ilustrada durante siglos con conceptos tales como el principio taoista del yin yang.

El concepto de dualidad de Bilder, dijo el académico budista Jinpa, le recuerda las enseñanzas del Dalai Lama sobre los dos tipos de practica de meditación: la meditación estabilizadora, en la que se entrena a la mente a estar en calma y firme y, la meditación discursiva, en la que se entrena a la mente a ver las cosas desde diferentes ángulos. Ambas disciplinas mentales entran en acción en la creatividad, dijo. “Sin estabilidad no tienes la habilidad de fijar tu mente. Pero (si estás) demasiado estable, careces de creatividad, porque la creatividad requiere de una habilidad para ver las cosas desde una perspectiva más impersonal.”

Buswell añadió que una forma de meditación discursiva es “algo a lo que llamaríamos visualización, donde la persona se ha dado cuenta de que todas las estructuras de la atención están de algún modo creadas de manera relacional y, que no existe una cosa exacta y rígida.” Utilizando la visualización, dijo, “una persona puede de modo creativo conceptualizar un nuevo tipo de auto-imagen,” de la misma manera que los atletas visualizan un complejo movimiento físico para prepararse para la competición.

“Muchas de las cualidades mentales que buscamos,” dijo Jinpa, “pueden dominarse mediante un cultivo deliberado.” La meditación nos puede ayudar a cultivar un nuevo modo de pensar o ser y nos puede ayudar también a desaprender los patrones que ya no nos sirven. Los neurocientíficos describen esto, señalo Jinpa, con el concepto de “neuroplasticidad,” la habilidad duradera del cerebro para reorganizarse a sí mismo formando nuevas conexiones neurales como resultado de la experiencia nueva.

“El Buda no tenía idea sobre el cerebro,” dijo Jinpa, “pero sí tenía una comprensión sobre cómo ocurre el proceso de transformación.”

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