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Vesak: la gran fiesta del Buda

por Maestro Aigo Seiga Castro
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08 de julio, 2009 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

Según una de las fuentes budistas más tempranas, el nacimiento, la renuncia al hogar, la Iluminación y la extinción última del Buda (Parinirvana), tuvieron lugar el octavo día del mes lunar de Vaisâkha, segundo mes del calendario tradicional indio. Y dichos días coincidieron con el plenilunio, considerado como el momento más auspicioso del mes. Por ello la principal festividad para todo el mundo budista, que conmemora el nacimiento, iluminación y partida del Buda, se denomina ‘Vesak’ (del mes de Vaisâkha) y puede celebrarse, según distintas tradiciones y acorde al calendario occidental, durante la luna llena de Abril, Mayo o Junio, o bien durante los días ocho en alguno de dichos meses. Así, para el budismo del sudeste asiático que sigue la ‘tradición de los ancianos’ (Theravada), los tres eventos se celebran el mismo día; sucede lo mismo para el budismo del norte, que sigue el ‘gran vehículo’ (Mahayana), desarrollado en Tíbet, Mongolia y ciertas áreas de Rusia. En cuanto al budismo difundido en China, Japón y Corea, igualmente de tradición Mahayana, debido a razones culturales y climáticas, los tres eventos se celebran en días distintos.

Los factores clave para comprender el significado arcaico del Vesak residen en dos rituales marcados por las fases lunares, realizados en la India desde la más remota antigüedad. El primero de ellos se ubica precisamente durante el octavo día del mes de Vaisâkha, coincidente con la época de la siembra del arroz. Durante ese tiempo de transición previo al monzón, se invoca la influencia fecundante de la lluvia con procesiones de las deidades propicias para tal evento. Las primeras referencias a dichas procesiones de Vaisâkha en un contexto budista se hallan en los edictos del emperador Asoka (304-232 a. C.) y en el testimonio del peregrino budista chino Fa-Hsien (s. V). El segundo rito se ubica en los días de luna llena, nueva y media (en sánscrito, upavasatha; en pâli, uposatha) que la tradición védica considera muy auspiciosos, ya que son jornadas de ayuno previas a los sacrificios dedicados al dios Soma.

Según esto, el hecho de que los eventos clave del Buda sucediesen durante días ocho coincidentes con plenilunios del mes de Vaisâkha, así como la práctica instituída por el Buda de recitar durante los días de luna llena, nueva y media de cada mes el código monástico (celebración del Uposatha), sitúa al budismo en un tiempo abierto a lo intemporal. Al adherirse al calendario lunar, la tradición budista participa de un tiempo cíclico, que acompasa simultáneamente la continuidad de los procesos vitales junto a intervalos de salida del tiempo marcados por la purificación ética y espiritual. El Vesak, al igual que el Uposatha, encarnan lapsos en los que se disuelve momentáneamente el devenir cósmico para permitir la irrupción de lo incondicionado, es decir, de la realidad última liberada del tiempo, el espacio y la causalidad. La ruptura con lo mundano propiciada por el Vesak permite que el devoto entre, mediante el rito y la contemplación, en la dimensión transmundana encarnada por la personalidad suprahumana del Buda y su enseñanza espiritual (Dharma).

El Buda nació para generar beneficio espiritual y compasión existencial a todos los seres vivos, de ahí que se describiese su alumbramiento como ‘la Luz que ilumina a todos los seres en todos los mundos’. En este sentido, se considera al Buda como el ‘primer hacedor’ (pubba-kari), es decir, como el iniciador de acciones saludables para sí mismo y los otros. Durante el Vesak, el nacimiento del Despierto enfatiza las virtudes de la gratitud y del aprecio, dirigidas especialmente a los ‘primeros hacedores’ de la vida: padres y maestros. Es a ellos a los que se expresa gratitud y aprecio con dos tipos de generosidad: material, en forma de ofrendas, y espiritual, en forma de formulación de propósitos y el cumplimiento de preceptos éticos. Asimismo, es usual durante el Vesak el hacer grandes ofrecimientos materiales a necesitados, liberar animales en cautividad y abstenerse de matarlos, así como conmutar la pena a prisioneros. En un sentido más profundo, el nacimiento del Buda estimula la reflexión sobre la rareza de obtener una existencia humana y contactar con el Dharma. Por tanto, el Vesak recuerda las múltiples causas y condiciones que han de darse para que se produzcan ambos hechos excepcionales.

Con la Iluminación se recalca el descubrimiento realizado por el Buda de las leyes que rigen el mundo, su trascendencia y el camino para conseguirlo. Él las denominó las Cuatro Nobles Verdades: todo lo condicionado propicia el sufrimiento; las causas del sufrimiento son un desear insaciable y la ignorancia; hay cesación definitiva del sufrimiento (Nirvana); hay un Sendero que erradica el sufrimiento, centrado en la ética, la meditación y la sabiduría. Durante el Vesak se toma conciencia de estas Verdades y se formulan votos para su práctica y realización.

Antes de abandonar este mundo, el Buda dijo: “todas las cosas condicionadas tienen la naturaleza de la destrucción; ¡esforzáos con diligencia!”. El mensaje implícito de estas palabras que se actualiza en el Vesak es: cultiva la plena atención y la clara comprensión en todos los actos de la vida. A causa de la práctica del Dharma, estas facultades naturales de la mente pueden desarrollarse hasta el punto alcanzado por el propio Buda. Este es el sentido clave de su extinción aparente. Todo lo sujeto a nacer, enfermar, envejecer y morir es impermanente. El cuerpo físico del Buda mostró dicha impermanencia, pero no su 'Cuerpo Real' o 'Cuerpo del Dharma', hecho de realizaciones y enseñanzas espirituales. Es este Buda ‘hecho de Dharma’, imperecedero y siempre actual, el que se conmemora en cada Vesak.

SOBRE EL AUTOR

Aigo Seiga Castro es Maestro Zen certificado por la escuela budista Zen Soto (Japón). Máster en estudios budistas (con distinción) por la Universidad de Sunderland (Reino Unido). Profesor de budismo en la Cátedra de las Tres Religiones (Universidad de Valencia).

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