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Crisis existencial y ascesis

por Maestro Aigo Seiga Castro
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marzo de 2009 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

Enseñanzas
La vida mundana del guerrero Siddharta fue extremadamente placentera. En sus propias palabras: "fui delicado, muy delicado, supremamente delicado." Su existencia era tan refinada que contaba con estanques exclusivos donde crecían lotos azules, blancos y rojos. El sándalo que utilizaba era de la mejor calidad y todas sus prendas estaban confeccionadas con seda de Benarés. Para evitar que frío, calor, polvo, arena o escarcha dañasen su cuerpo, dispusieron para él un blanco parasol que le protegía noche y día. Pero su mayor dicha se hallaba en sus tres mansiones: de verano, invierno y para el monzón. En ésta última era donde Siddharta se dedicaba a su máximo goce, agasajado por un séquito de numerosas cortesanas y bailarinas exentas de guardia masculina. Allí pasaba los cuatro meses del monzón, deleitándose en el placer sensual bajo todas sus formas. Recibió la esmerada educación teórica y marcial de un futuro jefe de clan, a los dieciséis años, tomó por esposa a Yasodhara, si bien otras fuentes indican que tuvo otras dos esposas, Migaja y Gopika. De la primera tuvo un hijo, Rahula.

Sin embargo a los veintinueve años, Siddharta tuvo la extraña sensación de no hallarse satisfecho con su vida. Su exclusiva dedicación al placer no le había aportado ningún sentido a su existencia, sino al contrario, una punzante desazón anidaba en su corazón junto a la certeza de que todo aquello era inconsistente, vano. Súbitamente tomó aguda conciencia de su frágil e inverosímil situación. Percibió que se hallaba sujeto al envejecer, enfermar y morir, tres experiencias comúnmente conocidas por todos sí, pero que sólo él, Siddharta, las observó con una profundidad inigualada entre sus semejantes. Como consecuencia tuvo una experiencia definitiva de abandono de lo que él mismo denominó como las tres vanidades: vanidad de la juventud, la salud y la vida (las biografías posteriores elaboraron dicho abandono con la leyenda de los "cuatro encuentros": un viejo, un enfermo, un cadáver y un asceta).

Ningún miembro de su clan, brahmán, sabio o asceta, pudo responderle satisfactoriamente sobre el sentido de la vejez, la enfermedad y la muerte; tampoco le supieron responder sobre su destino postmortem, y aún menos, fueron incapaces de brindarle una prueba sobre la realidad más allá de la muerte. Hastiado de buscar y consumir lo sujeto al nacimiento, vejez, enfermedad, muerte, pesar e impureza, tomó una decisión radical: buscar lo que no está sujeto a todas esas cosas, la "suprema e inmaculada cesación de las ataduras." Para ello, abandonó la vida mundana, que consideró "abigarrada y polvorienta". Se afeitó pelo y barba, vistió un manto amarillo y en sus palabras: "salí de la casa familiar para errar sin hogar." Se convirtió en el asceta Gautama.

Prácticas
Gautama no se hallaba solo en su búsqueda. Otros grupos de ascetas también se esforzaban en conseguir la cesación que él anhelaba. Sus métodos eran de una radicalidad extrema y tenían un propósito común: salir del mundo mediante la supresión de toda acción física y mental. Todos reconocieron que la mente ligada a los sentidos y al cuerpo era el origen del sufrimiento existencial y la causa del continuo renacer en el mundo. Según esto, practicaban medios diseñados para modificar, reducir, e incluso eliminar las tres fuentes de nutrición que sostienen la vida y perpetúan su renacer: actividad mental, alimento físico y respiración. Y Gautama practicó de manera superlativa tales métodos.

En primer lugar, Gautama experimentó con diversos niveles de absorción meditativa. Contactó con Alara Kalama, quien le enseñó a situar su mente en la "esfera de la nada". Consistía en un estado alterado, denominado así porque la mente no tiene conciencia de sí misma ni de ningún objeto. Sin embargo, dicho estado no proporcionó a Gautama lo que buscaba. Al salir de la "esfera de la nada", continuaba sufriendo y seguía tan ignorante como antes. A continuación, practicó con Uddaka Ramaputra, otro maestro que le enseñó otro nivel meditativo más enrarecido todavía, la "esfera de ni percepción ni no-percepción". Aquí el metabolismo se halla tan reducido y la conciencia es tan sutil, que los pensamientos residuales, apenas surgidos, se desvanecen. A pesar de tan elevado logro, Gautama tuvo una experiencia equivalente a lo aprendido anteriormente con Alara: "este Darma no conduce al desapasionamiento, a la desaparición del ansia, a la cesación, a la paz, al conocimiento directo, a la iluminación, al Nirvana. No estaba satisfecho con este Darma. Lo abandoné y proseguí mi búsqueda."

Acompañado por cinco ascetas, Gautama se dirigió al monte Uruvela (actual Gaya). Allí pasó seis años dedicado a lo que él denominó "la cuádruple vida superior": "he sido asceta de ascetas; he sido repugnante, el mayor en la repugnancia; he sido escrupuloso, el mayor en la escrupulosidad; he sido solitario, el mayor en la soledad." Su ascesis incluía ir desnudo, alimentarse de inmundicias, vestir harapos o piel y pelo animal, arrancarse cabello y barba; permanecer continuamente de pie o agachado, tumbarse sobre un lecho de espinas o bañarse en agua fría. Su repugnancia consistía en dejar que se acumulase sobre su cuerpo la suciedad hasta que se cayese por sí misma, al igual que: "la madera podrida durante años se cae por fin de un tocón de palmera." Era tan escrupuloso, que sentía "compasión hasta por una gota de agua, de miedo a herir a las pequeñas criaturas que pudiera haber en las hendiduras." Habitaba los lugares más recónditos del bosque, evitando todo contacto humano. Incluso practicó métodos radicales de retención de la respiración en nariz, boca y oídos, pero lo único que consiguió fue alterar nocivamente su sistema energético: "vientos violentos se desataron en mi cabeza, como si me taladrasen el cráneo con una espada... Un fuego abrasador se encendió dentro de mí como si me estuviesen quemando en una terrible hoguera". Como consecuencia de tamañas mortificaciones y abstinencias, su cuerpo se deterioró a tal extremo, que: "si trataba de palpar mi vientre, lo que mi mano encontraba era mi espinazo." Pero a pesar de tan descomunales esfuerzos, Gautama no consiguió superar los límites humanos ordinarios ni alcanzar el conocimiento transmundano.

No obstante, la ascesis de Gautama no fue en absoluto inútil. Si bien no le aportó la liberación que buscaba, al menos sí le permitió experimentar los límites del mundo condicionado en todas sus facetas cognitivas, energéticas y corporales. Y como consecuencia de ello, su ascesis le otorgó un discernimiento definitivo entre lo condicionado y lo incondicionado sin parangón en su época. Fue precisamente debido a la perfección inigualada de su ascesis como Gautama pudo detectar los defectos doctrinales y metodológicos de otros maestros, quienes, como Alara y Uddaka, confundían niveles materiales refinados o estados mentales sutiles con lo incondicionado. De hecho, numerosas enseñanzas clave que luego formaron parte del Darma, tuvieron su origen en las experiencias ascéticas de Gautama. El impacto de su pasado ascético fue tan significativo, que ya desde la moderación del Sendero Medio, el Buda Sakyamuni recomendó a sus discípulos trece 'medios de desprendimiento' o purificación de las contaminaciones (dhutanga) para el cultivo del contentamiento, el desapego y la energía. Dichas prácticas siguen presentes en todas las corrientes del Darma derivadas del Iluminado. Por ejemplo, en la tradición meditativa del bosque en Thailandia (Theravada), el vestir hábitos remendados (tradición Zen) y residir en cementerios (tradición Vajrayana) (ver esquema).

Historia común y no común
Según las últimas investigaciones históricas, Siddharta ("aquel que ha realizado su propósito") no fue príncipe, sino un guerrero (ksatriya) del clan Sakya, ubicado en la cuenca del Terai (Nepal). Su probable año de nacimiento es el 480 a. C., en Lumbini, cerca de Kapilavastu, la capital de los Sakya. Fue el primogénito del jefe Suddhodana ("arroz puro") y su esposa Maya ("misterioso poder espiritual"). Su nombre de familia era Gautama. El clan Sakya era una república dirigida por una asamblea de sabios guerreros.

La India del siglo V a. C., estuvo marcada por una dramática crisis que provocó cambios decisivos en todos los ámbitos. Además del clan Sakya había otras repúblicas guerreras (gana-sangha) en conflicto con una nueva forma de gobierno: los reinos monárquicos. De entre estos sobresalían los de Magadha y Kosala, que luchaban entre sí por la hegemonía además de atacar a las repúblicas, consiguiendo su declive final. El hecho de que Pasenadi, rey de Kosala, fuese discípulo del Buda, no impidió que su hijo, sucesor al trono, aniquilase a los Sakyas.

La economía experimentó un desarrollo sin precedentes. El uso masivo de arados, hoces y azadas de hierro implicó la deforestación de la cuenca gangética, haciendo que la agricultura (basada en el arroz) se convirtiese en la clave de la prosperidad económica y el aumento de la población. Esto dio lugar a la segunda urbanización de la India. Los excedentes de la población agrícola provocaron el cambio de una economía centrada en el trueque en otra basada en el dinero (monedas de plata troqueladas), y con ello, la expansión del comercio. Se crearon rutas comerciales jalonadas por poblaciones-mercado, que pronto se convertirían en grandes ciudades (maha-nagaras) con numerosos oficios corporativos. Sravasti y Rajagriha fueron dos grandes poblaciones vinculadas a la vida del Buda.

La rápida prosperidad de este nuevo sistema provocó inesperados problemas existenciales. La antigua seguridad basada en el parentesco de clan dio paso al inestable individualismo del urbanismo anónimo. El aumento de población en zonas de clima cálido hizo proliferar enfermedades víricas (tifus, malaria, dengue, etc.) en poblaciones originarias de clima más fríos, provocando un alto índice de mortandad. El creciente sentimiento de soledad y la incertidumbre de la muerte estimulados por el sedentarismo urbano se transformó en crítico escepticismo contra el ancestral nomadismo de la tradición védica.

En el terreno espiritual, el modelo que promovía renacer en el "cielo de los ancestros" mediante los sacrificios de los Vedas (brahmanas) fue cuestionado por otro colectivo emergente: "los que se esfuerzan" o renunciantes (sramanas). Este grupo heterogéneo incluía diversas tendencias: amoralistas, atomistas, materialistas, deterministas, agnósticos y ascetas. No obstante, todos ellos compartían un factor común: su rechazo y crítica a la revelación védica. Antepusieron al dogmatismo védico sistemas basados en la especulación racional y la experiencia meditativa. El asceta Gautama se alineó con ellos en su rechazo a los brahmanes, al tiempo que criticó los postulados de las tendencias sramanas más influyentes.

Los escasos datos biográficos del Buda esparcidos en los textos budistas y las hagiografías posteriores ofrecen un relato básicamente similar junto a ciertos elementos míticos. Describen al Buda Sakyamuni como el ser Iluminado del presente ciclo cósmico (kalpa), eslabón de una larga cadena de Budas pasados y futuros. Sería imposible atribuir su omnisciente perfección a sólo seis años de ascetismo. En realidad, antes de convertirse en Buda, el príncipe Siddharta experimentó numerosas existencias anteriores como Bodisatva ("ser de iluminación"), como un aspirante rreversible al Despertar, haciendo acopio de un gran cúmulo de méritos y sabiduría que cristalizarían en su última existencia humana. El mismo Buda Sakyamuni describió su última morada previa en el cielo Tusita, y cómo entró, permaneció y salió del útero de su madre con plena consciencia. Su alumbramiento no fue sólo un pasaje del interior materno al mundo exterior, sino el nacimiento de la Luz que iluminó la totalidad del mundo condicionado con todos sus seres, desde los más elevados hasta los más lúgubres. Nació dotado de treinta y dos marcas mayores y ochenta menores, propias de los monarcas universales (chakravartin) o de los Budas. En contra de las aspiraciones mundanas de su padre, Siddharta decidió convertirse en Buda para beneficiar, no a unos pocos, sino a todos los seres vivos de todos los planos de existencia y de todos los tiempos, sin distinción de casta, clase, raza o condición social. Para demostrarlo, al poco de nacer, el Bodisatva se puso en pie, dio siete pasos en cada dirección y declaró: "yo soy el más elevado del mundo; yo soy el mejor en el mundo; yo soy el primero en el mundo. Este es el último nacimiento, ahora ya no hay más reanudación del ser en vidas futuras."

Arte y cultura
Las representaciones de la vida del Buda adoptaron formas de gran impacto emotivo y espiritual. La tradición anicónica, centrada en mostrar la naturaleza intangible del Buda mediante espacios indicadores y símbolos, fue la primera en surgir (s. III a. C.). Si bien el Buda no prohibió explícitamente su representación artística, tampoco la estimuló. Como consecuencia, los artistas budistas prefirieron resaltar el carácter "inimaginable" (apratima) del Iluminado, fieles a la definición que Sakyamuni hizo de sí mismo: "no soy dios, espíritu de la naturaleza, ni ser humano; soy un Buda." El arte budista temprano enfatizó al Buda en su aspecto de "cuerpo del Dharma" (dharma-kaya), es decir, los factores de su enseñanza y realización espiritual, no en su aspecto físico y perecedero. De ahí que utilizasen para representarlo diversos símbolos. Los más comunes son: huellas de los pies, loto (nacimiento y presencia); árbol, trono, columna de fuego y disco solar (Iluminación); rueda (enseñanza del Darma); estupa (extinción final).

Sin embargo, posteriormente surgió otra tendencia centrada en la representación antropomórfica del Iluminado. Se originó en dos lugares geográficos distintos pero coincidentes en el tiempo (s. I a. C.): la región de Mathura (actual Uttar Pradesh, India) y la de Gandhara (actual Afganistán). La primera derivó de representaciones humanas de deidades del bosque (yaksas), mientras que la segunda recibió la inequívoca influencia del arte griego. Es probable que la descripción de sus marcas corporales tal como aparecen en ciertos textos canónicos, la difusión del budismo en áreas de cultura helénica y la devoción a la naturaleza trascendente del Buda implícita en sus primeras biografías (ss. II-III), fuesen factores determinantes para la representación antropomórfica del Buda Sakyamuni.

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