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La joya del Dharma

por Maestro Aigo Seiga Castro
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marzo de 2010 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

La naturaleza del Darma
Con el término “Darma” (sáns. Dharma, raíz dhr, “asir”, “sostener”, “mantener”, “retener”), la tradición védica designó simultáneamente el orden objetivo del universo y la jerarquía de deberes para la sociedad. Es decir, Darma incluye un sentido descriptivo de “las cosas tal como son” y otro preceptivo de “como deben ser”. Para los Vedas, el Darma no ha sido creado; sólo puede descubrirse. El Buda Sakyamuni asumió tales significados del Darma, pero fue más allá dotándole con un significado espiritual definitivo: “Los resultados se producen por condicionalidad específica. Surgan o no los Tathâgatas, esta naturaleza del Darma es constante, la estabilidad del Darma, el proceso fijo del Darma, la talidad, la verdadera talidad, la talidad inmutable, lo tal cual es, la verdad, la realidad, sin distorsión e inalterable”. Esto indica que es la condicionalidad lo que da existencia a seres vivos, cosas y mundos, no un “yo mismo” eterno (atman) o perecedero (jivatman), sino que todos ellos son conjuntos de condiciones; sin ellas, nada existiría (“estabilidad del Darma”). Asimismo, la condicionalidad no funciona por azar ni anarquía, sino por conjuntos ordenados según condiciones específicas e inalterables: leyes físicas, ley del karma, ley del Surgimiento Dependiente, “Sellos del Darma”, Nobles Verdades, etc. (“proceso fijo del Darma”). Y esta condicionalidad es real, no es fruto de ninguna creación divina o invención humana, siempre ha existido y funcionado así, desde un tiempo sin comienzo (“verdadera talidad”, “lo tal cual es”).

La singularidad del Buda radica en que redescubrió el Darma para transformarlo en verdad y sendero espiritual universal: “El Tathâgata se ilumina a esto [el Darma] y lo realiza. Habiéndolo hecho, lo expone, lo enseña, lo proclama, lo establece, lo descubre, lo analiza, lo elucida”. Fundamentalmente, el Buda investigó el Darma en cuatro vertientes: sus virtudes espirituales, realización, práctica y medios sensibles para captarlo. Estos cuatro aspectos están presentes de modo interrelacionado en el Darma como objeto de refugio, que es, sin duda, “el más excelente objeto para el corazón del ser humano”.

Prácticas
Las tradiciones budistas son unánimes en reconocer seis virtudes propias del refugio del Darma. Combinan aspectos del Darma como causa y fruto de la felicidad espiritual, y su rememoración permite integrar en uno mismo las cualidades emotivas y cognitivas del Darma como refugio:

Rectamente proclamado: Porque establece el Sendero Medio en todos sus aspectos. Incluye la doble verdad, esto es, la verdad convencional que da sentido y función al mundo, y la verdad última, que lo trasciende. El Darma está libre de toda clase de enfoques extremos: hedonismo/mortificación, eternalismo/nihilismo, yo/no-yo, existencia/no-existencia.

De retribución en la existencia presente: La aplicación de las causas y condiciones del Darma produce frutos inmediatos, en esta misma vida. Cualquier acto de ética, meditación y sabiduría, por insignificante que sea, genera resultados saludables en la existencia actual. Todos aquellos que practiquen diligentemente el Darma, terminarán por tocar directamente el Nirvana.

Sin tormento ni quemadura: El Darma evita los dolores corporales y mentales que podrían ocurrir si se transgrediesen los preceptos y se adoptasen ideas erróneas. La meditación permite experimentar cualidades de gozo insospechadas, superiores a los placeres ordinarios. Como el Buda, que entraba en samadhi profundo para disolver toda molestia de cuerpo y mente.

Independiente del tiempo: El Darma no está gobernado por mediciones ni cronologías. El Darma actúa y da su fruto independientemente del tiempo, por tanto, puede manifestarse en cualquier tiempo. El Darma sólo requiere que se den las causas y condiciones para dar fruto, como el fuego, que quema cuando hay combustible e ignición.

Conducente al lugar auspicioso: Así como los grandes ríos desembocan en el océano, los factores de la Iluminación conducen al Nirvana. No es un ego el que llega allí, sino sus agregados, purificados de manchas y trasformados en Darma.

De penetración sin obstáculo: Así como el detentador del sello real se desplaza sin impedimentos, aquel que conoce los cuatro “Sellos del Darma” penetra los múltiples significados y funciones del Darma. Como ya se indicó, tales “Sellos” marcan la ley de la condicionalidad para todos los factores de existencia, o darmas. En este contexto, darma significa “aquello que sostiene una característica propia”, es decir, un conjunto de condiciones que dan a cada darma su naturaleza específica. Por ejemplo, el darma “ojo” difiere del darma “gusto”, o el darma “ignorancia” difiere del darma “sabiduría”. Básicamente, hay dos tipos de darmas, los hechos por combinación de causas o “condicionados”, clasificados en darmas de la mente, materia y disociados de la mente (94 darmas) y los “incondicionados”, que son reales, intemporales, sin causa ni fruto (6 darmas). ¿Cómo se aplican los cuatro “Sellos del Darma” a todos los darmas?

1.-Todas las formaciones son impermanentes: “Formaciones” (samskara) indica todos los darmas condicionados. “Impermanentes” señala que están sujetos a surgimiento, duración, deterioro y destrucción, y estos cuatro procesos son instantáneos. Este cuádruple proceso instantáneo genera series similares que dan la impresión de ser permanentes.

2.-Todas las formaciones son insatisfactorias: La percepción errónea basada en dicha impresión, asigna una estabilidad continua a los darmas condicionados y los distorsiona imputándoles una identidad fija o “yo mismo”. El apego a dicha identidad falsa produce insatisfacción, sufrimiento (duhka).

3.-Todos los darmas son sin “yo mismo”: Como ya se indicó, los darmas no son autónomos ni se crean a sí mismos, sino que dependen de causas y condiciones para existir; sin tales condiciones, los darmas no existirían. Por tanto, en sentido último, en el interior de cada darma no hay ningún dueño, agente, conocedor, sujeto, ser vivo, ni autor de actos. Además, los darmas incondicionados no tienen “yo mismo” porque es imposible que produzcan apego ni percepciones erróneas.

4.-El Nirvana es quiescencia definitiva: Indica el principal darma incondicionado, Nirvana, en su sentido de “vacuidad” (sunyata). “Quiescencia definitiva” señala que todos los darmas, debido a su ausencia de “yo mismo” e impermanencia instantánea, en realidad no tienen duración, por tanto, ni surgen ni se destruyen, son vacuidad: “Los darmas no surgen ni se destruyen, sólo tienen una característica, la ausencia de características”.

El Darma como realización
A experimentar directamente la impermanencia vacía de los darmas se le llama ‘abrir el puro e inmaculado Ojo del Darma”, y esta experiencia coincide con la toma de refugio efectiva en el Darma, entendida como la realización de la verdad “sin distorsión e inalterable”. Consiste en un proceso que, mientras se escucha, reflexiona y cultiva el Darma, cualquier condición favorable abre la mente del discípulo a la realidad última, que sabe: “todos los darmas surgidos cesan”. Este conocimiento directo del Darma es idéntico a la liberación del sufrimiento, al Nirvana. Ahora bien, dicho conocimiento no puede surgir de una mente impregnada de karma y contaminaciones, sino sólo de una “mente que es no-mente, cuya naturaleza original es luminosa”. “No-mente” no significa “mente en blanco”, sino una mente vacía, espaciosa, incontaminada e inafectada por los impedimentos adventicios. “Luminosa” indica la cognición prístina, esto es, la capacidad conocedora de la “no-mente”, que ilumina los objetos sin apegarse a ellos. ¿Cómo lo hace? mediante tres modos:

Inconcebible (acintya): Este conocimiento trasciende toda creencia, descripción, explicación, razonamiento o especulación. Debido a su naturaleza vacía, los darmas no pueden concebirse porque son inobtenibles (apraptitva) o inaprensibles (anupalabdha) por el intelecto y los sentidos. Es decir, la ausencia de naturaleza inherente de los dharmas hace imposible su cosificación, su conversión en “objeto de estudio”. ¿Cómo podría concebirse aquello que surge/no surge y cesa/no cesa simultáneamente?

No-dual (advaya): “Dual” designa toda clase de polaridades antagónicas: sujeto/objeto, existencia/inexistencia, surgimiento/cesación, yo/no-yo, saludable/perjudicial, samsara/Nirvana, etc., y la aprehensión fija a tales polaridades produce karma y contaminaciones. Pero dado que todos los darmas son idénticos en su vacuidad, es decir, expresan el Sendero Medio libre de extremos, se hallan completamente separados de todo dualismo.

No-discriminativa (nirvikalpa): Karma y contaminaciones surgen de una mente que discrimina, es decir, basada en la “atención superficial” o “ignorante” (a-yoniso-manaskara). Dicha “atención superficial” causa ignorancia y sufrimiento, pues al contactar con los objetos, no los percibe como son, sino que les superpone conceptos fijos a los que se aferra o rechaza. Por el contrario, el conocimiento no-discriminativo incluye tres aspectos que contrarrestan la “atención superficial”: (a) conocimiento preparatorio: causa la no-discriminación mediante la “impregnación auditiva del Darma” y la “atención profunda”; (b) conocimiento fundamental: realiza directamente la no-dualidad; (c) conocimiento posterior: aplica la no-discriminación en beneficio de los seres, sin mancharse por ninguna polaridad mundana: ganancia/pérdida, elogio/crítica, honor/deshonor, sufrimiento/felicidad. Veamos ahora las causas y condiciones fundamentales para realizar el Darma.

El Darma como práctica
Dado que ya se estudiaron los principales elementos de la práctica del Darma como refugio (ver Cuadernos de budismo, nºs 70 y 71), nos enfocaremos aquí en sus dos condiciones indispensables: la “impregnación auditiva del Darma” (sruta-vasana) y la “atención profunda” (yoniso-manaskara).

Según el Theravada, “las palabras de otro y la atención profunda a éstas son causa de la recta visión”. El Mahayana retomó y desarrolló esta idea: “La causa del conocimiento no-discriminativo es la impregnación auditiva proveniente del discurso y la atención profunda”. Según Asanga, la audición pura de los Sutras Mahayana produce en el continuo mental del oyente una “impregnación” (vasana) o “virtualidad especial” (sakti-visesa). Dicha impregnación auditiva (por voz ajena o recitación/lectura propias), aunque mundana, emana de la realidad última, mora temporalmente en la conciencia-depósito (alaya-vijñana) y sirve de antídoto contra lo nocivo y es causa de realización definitiva (dharma-kaya). Asimismo, es condición para que uno se vincule en el futuro con maestros de Darma. La clave de su eficacia radica en que sea una “audición pura”, de ahí que se enfatice el escuchar correctamente el Darma, como afirma el Prajñaparamita Sutra: “¡Escucha con atención, escucha cuidadosamente y guárdalo en tu mente!”. Aquí se alude a los antídotos contra las “tres audiciones defectuosas”, comparables a un jarro mal usado. “Escucha con atención” evita el escuchar sin interés o con somnolencia, como un jarro boca abajo. “Escucha cuidadosamente” contrarresta escuchar con arrogancia, prejuicios o escepticismo, como un jarro sucio. Y “guárdalo en tu mente” es antídoto contra la dispersión mental, como un jarro con fisuras. Por tanto, para beneficiarse de la “impregnación auditiva del Darma”, el escuchar ha de participar ya en la naturaleza incontaminada del Darma; como afirmó Dôgen: “Cuando recibas las instrucciones de Darma de un maestro, purifica tu cuerpo-mente, serena tus ojos y oídos. Simplemente, escucha y acepta las enseñanzas del maestro sin mezclarlas con otros pensamientos. Tu cuerpo-mente han de ser uno con los del maestro, como si vertieses agua de un recipiente a otro. Si eres así, obtendrás el Darma del maestro”.

Dicha “audición pura” se expresa naturalmente en la “atención profunda”, entendida como la reflexión sabia que concuerda con lo real, es decir, un pensar/actuar basado en la ley de la condicionalidad. Como ya se indicó, la “atención superficial” es causa de ignorancia y sufrimiento, pues considera lo impermanente como permanente, el sufrimiento como felicidad, lo carente de “yo mismo” como poseedor de el y lo horrible como hermoso. A la “atención superficial” no le interesa la verdad, sino sólo satisfacer sus deseos ilusorios. Pero una mente impregnada de Darma ya no puede verse a sí misma ni al mundo de tal modo, por el contrario, siente, piensa y actúa en sintonía con el Darma: “En aquel con atención profunda, las manchas por surgir no surgen y las manchas surgidas se abandonan”. Así, con “impregnación auditiva del Darma” y “atención profunda”, no hay práctica de Darma que no produzca resultados auspiciosos.

El Darma perceptibleAunque el refugio del Darma sea inconcebible e inefable, sólo puede comunicarse de modo sensible y lo hace básicamente mediante palabras, reliquias e imágenes. Sin estos tres medios, el Darma no podría transmitirse, practicarse ni realizarse en este mundo.

Todas las enseñanzas de Darma tienen su origen en la Palabra del Iluminado (buddha-vacana). La palabra de los Budas trasciende completamente todo discurso mundano, por muy refinado que sea. No sólo es coherente y bella en su gramática, sobretodo, dado que encarna en sonido la verdadera naturaleza de los darmas, la palabra del Buda tiene el poder de iluminar y transformar la vida de los seres. En numerosas ocasiones, tras escuchar una enseñanza breve o extensa del Buda, los oyentes abrieron su mente a la verdad y acto seguido tomaron refugio. Sucede lo mismo con los Sutras de los Bodisatvas, cuya revelación primera implicaba la iluminación inmediata del receptor, siendo susceptible de reactualizarse con su recitación y meditación posterior por otros practicantes. Así, ya se trate de enseñanzas orales o escritas, del triple Canon de los “Oyentes” (sravakas) o de los Bodisatvas, todas ellas son refugio auditivo para comprender la realidad del mundo y trascenderlo (ver esquema). Y este principio es igualmente válido para otras enseñanzas de Darma: Tantras, termas, colecciones de kôans, enseñanzas escritas u orales de maestros, etc.

Además del sonido, el refugio del Darma se vuelve tangible en forma de reliquias físicas (sarira) y escritas (dharani). Ya se vio la importancia de las reliquias físicas en la composición de la estupa, no sólo del Buda, sino de sus discípulos realizados posteriores. Las sarira expresan la encarnación física del Darma en el ser humano, la cristalización de incontables vidas de estudio, práctica y realización del Darma. Sucede lo mismo con la reliquia escrita por excelencia: “De todos los darmas surgidos de causas, el Tathâgata enseñó sus causas y su cesación; así lo proclamó el Gran Sramana”. Dicha fórmula, insertada junto a las sarira en estupas y estatuas, las convierten en receptáculos vivientes del Darma como refugio, sólo accesibles mediante la apertura del corazón.

Como objeto de refugio visible, nada puede compararse a la “rueda del Darma” (dharma-chakra). Antiguo símbolo de la realeza india, significa el gobierno justo y compasivo conforme al Darma, instaurado por los “monarcas que hacen girar la rueda” (chakra-vartin) irradiando en todas direcciones. Asimismo, el Buda recibió el símbolo auspicioso de la “rueda del Darma” en la planta de sus pies, fruto por haber liberado del terror y dar protección a innumerables seres en vidas anteriores. Ya en vida del Iluminado, en ocasiones especiales mostraba la rueda del Darma de sus pies para demostrar su soberanía espiritual incontestable. Y como fundador de la dispensación espiritual (sasana), el dharma-chakra del Buda simboliza la instauración del Darma en todo el mundo condicionado, la transmisión de sus enseñanzas, experiencia y realización para beneficio de generaciones presentes y futuras: “Esta insuperable rueda del Darma ha sido puesta en movimiento por el Bhagavat, y no puede ser detenida por ningún ser humano ni celestial, ni por nadie en el mundo”. Pero esta rueda del Darma no giraba por primera vez. Según el Lalitavistara, antes de formular su enseñanza en Sarnath, el Buda recibió de manos del Bodisatva Chakravartin “una rueda del Darma ornada con toda clase de signos preciosos, enviada por los Tathâgatas anteriores y que ya habia sido girada anteriormente”. La rueda del Darma expresa precisamente esto: la verdad de la condicionalidad ha existido desde siempre, en el pasado, en el presente y en el futuro. Asimismo, los Budas que la descubren ya lo hicieron en el pasado, lo hacen en el presente y lo continuarán haciendo en el futuro.

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