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Paralelismos y diferencias entre las artes marciales y el budismo Zen

por Antonio Hernández
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20 de junio, 2013 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

Pasados ya unos días de los dramáticos acontecimientos causados por el que se hacia pasar por monje budista zen y maestro shaolín, y puesto ya a buen recaudo por las autoridades para que no pueda causar más daño, conviene reflexionar un poco para aclarar posibles paralelismos que pueden inducir a error, a la vez que se marca una clara separación entre artes marciales y budismo zen.

A lo largo de la historia, las artes marciales han tenido vínculos con las tradiciones espirituales, tanto en China, como en Japón o Corea. Muchos maestros de artes marciales sintieron la llamada de la espiritualidad budista o taoísta, incluso en muchos monasterios se enseñaban las artes marciales, junto con las tradiciones espirituales budista y taoísta. Es más, Bodidharma, una figura legendaria, la cual, a día de hoy, no se sabe con certeza si es un personaje real e histórico, o una manera de llamar a los primeros representantes del budismo indio que emigraron a China para divulgar las enseñanzas del Buda, se lo relaciona con el monasterio de Shaolin, cuna del Kung Fu, y con el budismo Zen/Chan, estando considerado como uno de sus patriarcas.

Asimismo, también al Tai Chi Chuan se lo vincula con el taoísmo, pues existen conceptos asimilados en su estructura interna. O el Budo (las artes marciales) en Japón, estuvieron y están relacionadas con el sintoísmo o el zen. Hasta el maestro zen Taisen Deshimaru escribió un libro titulado Zen y artes marciales. Sin extendernos en más consideraciones podemos estar de acuerdo en esos paralelismos, y en que el zen y las artes marciales tienen cosas en común, como el logro de determinados estados mentales, físicos, de la respiración o de la concentración de la energía. Pero hay un momento donde la diferencia debe quedar patente y debe ser clara para cualquier persona, practicante de artes marciales, de zen, o de ninguna de las dos.

Las artes marciales, reales y bien enseñadas, pueden servir al desarrollo íntegro del cuerpo y de la personalidad del o de la practicante (que ya es mucho beneficio), además de ser buenos métodos para la autodefensa. Pueden fortalecer el cuerpo, mejorar el auto-control y desarrollar cualidades como el respeto, la humildad y la confianza en nosotros mismos. Pero, por muy bien que se desarrolle ese proceso, las artes marciales no tienen nada de místico o espiritual ( y menos hoy en día donde se han convertido en un deporte muchas de ellas), y se aconseja huir de todo enseñante de artes marciales que mezcle ambas cosas, pues tan solo ocultará su ignorancia sobre lo que enseña.

Es cierto que la práctica de las artes marciales (y de la persona que las practica) pueden verse beneficiadas de la práctica de la meditación, sea zen o de otro tipo. Así es y así ha sido a lo largo de la historia. Sin embargo, las artes marciales no deben ser confundidas con verdaderos caminos espirituales como el Budismo, o con la enseñanza del Dharma del Buda, y mucho menos considerar o creer que puedes obtener los mismos beneficios con una que con otra.

Ambas puedan recorrer la misma senda durante un tiempo, pero tan solo la Vía del Buda puede conducirnos a la verdadera liberación del sufrimiento, a la Iluminación. Las artes marciales nunca.

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