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El antídoto último contra la fama y el provecho

por Maestro Aigo Seiga Castro
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08 de octubre, 2014 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

El principal obstáculo que el Maestro Dogen señala para poder despertar la mente de la iluminación (bodhicitta) es lo que él llama “la fama y el provecho”. Insiste mucho en estos dos aspectos: el pensamiento de fama y de provecho.

En un primer momento, si te lo aplicas a ti mismo muy probablemente pienses que no tiene nada que ver contigo. Al fin y al cabo eres una persona corriente, las personas famosas son aquellas que salen por la tele, en los periódicos o en las revistas del corazón. Y si piensas en provecho te vendrán a la mente todos los nombres de directivos de banca que se jubilan con millones de euros.

Pero no, es un error pensar así. Cuando el Maestro Dogen habla de fama y provecho se refiere a algo más sutil y profundo.

El pensamiento de fama
Cuando habla de fama se refiere a esa tendencia de nuestro ego a hacerse notar. A decir “aquí estoy yo. Soy yo el que dice, el que desea, el que consigue, el que gana, el que pierde, el que goza, el que sufre..." y así indefinidamente.

Nuestro sistema cognitivo está diseñado para eso: para hacerse notar. Es inevitable y no hay nada malo en ello. Cada ser vivo, por el mero hecho existir, expresa naturalmente su individualidad. El problema es cuando dejas de utilizarlo de forma natural y lo empleas como un medio para engañarte a ti mismo y manipular a los otros. A esto se refiere el Maestro Dogen con el pensamiento o intención de fama.

Hablamos de fama, pero ¿qué hace el famoso o la famosa en términos ordinarios? Hay famosos y famosas que se dedican a crear todo un espectáculo alrededor de su vida personal y la convierten en un medio de vida. Por supuesto se trata de un ejemplo extremo, pero la base psicológica detrás de esta actitud es es la misma. Uno puede acabar haciendo lo mismo en su vida ordinaria. Montando escenas, haciéndose la víctima, yendo de tipo duro, de protector, de salvador... hay muchos roles.

Tú ya te conoces hasta cierto punto. Investiga en ti mismo y detecta con qué disfraces se viste tu ego para hacerse notar. Como decía el Maestro Zen Hogen Yamahata (que es un maestro actual, no del siglo XIII) en una de sus enseñanzas: "conviértete en una brizna de hierba." A lo que comentaba: "es muy fácil ser un gran maestro, tener un gran templo, muchos discípulos, mucha fama, etc. pero es muy difícil ser una simple brizna de hierba."

En la tradición clásica Zen tenemos el ejemplo del Ancestro Bodhidharma y el emperador Wu. El emperador Wu era un gran devoto budista. Había mandado imprimir el canon de los Sutras, había financiado la construcción de numerosos templos y se había gastado buena parte del tesoro público en alimentar a monjes y monjas. Después de aquellas acciones tan generosas se sentía muy orgulloso, había adquirido gran fama y mérito en favor del Dharma. Cuando se enteró de que el maestro indio Bodhidharma estaba en su reino, inmediatamente lo mandó llamar para tener una entrevista en su corte.

Lo primero que hizo el emperador Wu fue contarle a Bodhidharma todas sus acciones meritorias. Y entonces le preguntó a Bodhidharma: "¿Cuanto mérito he adquirido con estas acciones?" Bodhidharma, que no era más que un desconocido al que sólo le sostenía su propia dignidad interior, le respondió: "ningún mérito." Podrías pensar: ¡Pero qué insolente fue Bodhidharma! ¿Cómo se le ocurrió decirle esto?" Por supuesto, el emperador Wu quedó muy contrariado, no le gustó nada aquella respuesta. Había sido un golpe directo a su apego a la fama. Entonces, el emperador le miró con asombro y desdén y le lanzó la siguiente pregunta: “¿Tú quién eres? ¿Quién está frente a mí? Yo soy el emperador Wu: un gran devoto budista, un gran protector de la Sangha, un gran benefactor de las Tres Joyas. Tú... desconocido arrogante, ¿quién eres?” Y Bodhidharma contestó: "No lo sé." Entonces el emperador Wu quedó completamente estupefacto y antes de que se diera cuenta, Bodhidharma ya había desaparecido del palacio.

Después de aquel encuentro dice la tradición que Bodhidharma pasó nueve años meditando en una cueva de cara a un muro de piedra. Sin pensar en la fama o en el provecho, como un incensario roto y enmohecido abandonado en un viejo templo. Este es el punto clave, la puerta de entrada. Si no captas esto te resultará difícil continuar con tu practica, porque la esencia del Zen es esta: No ego. No mente. No permanencia.

El pensamiento de provecho
La consecuencia de la fama, de la insistencia compulsiva en decirse a uno mismo y a los otros “aquí estoy yo”, es el provecho. Cuando el Maestro Dogen habla de provecho se refiere a nuestra tendencia a obtener algo. Llámalo como quieras: mente utilitarista, mente mercantil... es lo mismo.

Sin ninguna duda, si practicas correctamente el Dharma vas a recibir muchos beneficios. Vas a recibir muchas bendiciones, vas a recibir muchos méritos, vas a recibir obtenciones. Pero estas obtenciones no han de ser manipuladas y cosificadas. Es decir, no has de convertirlas en trofeos, en "cosas mías": "mis méritos," "mis obtenciones," "mis iluminaciones," "mis satoris," "mis samadhis..." No. Date cuenta de la relación causal entre fama y provecho, entre notoriedad del ego y aferramiento al objeto. Esto, paradójicamente, resulta muy fácil de percibir pero es algo muy difícil de realizar. De hecho, a esta dimensión los Sutras y los Sastras lo llaman “la práctica de la no-práctica”. El Maestro Dogen lo llamó la práctica pura: la práctica sin mancha. Es practicar desde la iluminación última, donde no hay rastro de la iluminación ni de nada. Es desde ahí desde donde necesitas practicar.

Como decía el maestro chino Mo-ho-yen, uno de los principales introductores del Zen en el Tíbet: "solamente aquel que ha captado el sello de los Budas puede empezar a practicar meditación." Que curioso, solamente si te das cuenta de tu iluminación puedes empezar a practicar el Dharma. Todo lo que haces antes no es otra cosa que una especie de preparación. Cuando captes esto, cuando te des cuenta que desde nunca (o desde siempre) nadie ha sido nada, cuando captes que no tienes ni cuerpo ni mente ni nada de nada, que eres vacío puro, entonces podrás sentarte en la tranquilidad, hasta entonces te queda un largo (o breve) período de esfuerzo por recorrer. Un período de lucha, de tensión, de guerra civil interior entre los diferentes aspectos de tu ego. En este caso debes ser plenamente consciente de ello y detectar lo que sucede en tu interior. No te quedes como un saco de patatas inmóvil y con la mente en blanco. Eso no es Zen, eso es simplemente la vida del cerdo. Da un paso atrás y observa, investiga, presta atención, ilumina tu propia conciencia.

El antídoto
El Maestro Dogen describe el antídoto último contra la tendencia a la fama y al provecho en el Gakudoyojinshu:

“Aquel que olvide por un instante el yo y lo mío y practique en retiro, se familiarizará con la Mente de Iluminación. Las sesenta y dos perspectivas erróneas se originan en el yo. Cuando surja la perspectiva del yo, siéntate calmadamente y examina minuciosamente así: ¿cuál es el origen de la existencia de este cuerpo interno y externo? Este cuerpo dotado de piel y pelo recibido de mis progenitores, está formado de dos gotas, roja y blanca; desde el comienzo al fin, es vacuidad. Por esta razón, no constituye un verdadero yo.”

Descarga el Gakudoyojinshu completo en pdf

Eso es lo primero que tienes observar y analizar. La mente del yo y lo mío es la base de la mente de la fama y el provecho. La fama tiene que ver con el yo y el provecho con lo mío (con mis propiedades). Esto es lo primero que enseñó el Buda Sakyamuni a sus discípulos, el análisis de los agregados de la conciencia y del cuerpo (los cinco agregados):

“¿Qué pensáis, es el cuerpo permanente o impermanente?”
“Impermanente Señor.”
“¿Es adecuado ver lo impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambio como: Esto es mío. Este es mi yo. Esto es lo que yo soy?”
“No Señor.”
“¿Qué pensáis, es la sensación permanente o impermanente?”
“Impermanente Señor.”
“¿Es adecuado ver lo impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambio como: Esto es mío. Este es mi yo. Esto es lo que yo soy?”
“No Señor.”
“¿Qué pensáis, es la percepción... los pensamientos... la conciencia permanente o impermanente?”
“Impermanente Señor”
“¿Es adecuado ver lo impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambio como: Esto es mío. Este es mi yo. Esto es lo que yo soy?”
“No Señor.”
(Anattalakkhana Sutta)

Este es el trabajo que debes hacer. Lo que dice el Sutra es exactamente lo mismo que dice el Maestro Dogen. No hay la más mínima diferencia entre la enseñanza original del Buda Sakyamuni y la enseñanza Zen del Maestro Dogen. Sin embargo, debido a la influencia de la tradición Yogachara, el Maestro Dogen va un paso más allá y hace un análisis un poco más detallado:

“El conocimiento derivado de la mente, facultad mental y conciencia está ligado a la duración de la vida. ¿Qué sucederá cuando se detenga la inspiración y la espiración? Por ello, no constituye un yo.”

Cuando habla de “mente, facultad mental y conciencia” se refiere a las ocho conciencias: la conciencia visual, la conciencia auditiva, la conciencia olfativa, la conciencia gustativa, la conciencia de los pensamientos, la conciencia del yo y la conciencia depósito (lo que en la psicología occidental se llamaría inconsciente profundo). Todas estas conciencias son impermanentes y cambiantes. No puedes decir "yo me identifico con una o con todas." Están cambiando continuamente y no constituyen un yo fijo, inherente.

Por último, el Maestro Dogen añade “Por doquier, no existe la menor cosa a la que puedas apegarte.” Esto es algo realmente fundamental. Reflexiona en profundidad sobre esto. Observa lo que tienes, observa lo que posees. Observa aquello de lo que te sientes orgulloso. Observa lo que te hace feliz y también lo que te hace desgraciado. Ninguna de todas estas cosas eres tú, ninguna de estas cosas te acompañarán tras la muerte.

Conclusión
Si has leído hasta aquí podrías llegar a la conclusión de que el Zen (o la enseñanza del Buda) promueve el no sentir, el no pensar, el no oler, el no oír, el no paladear y el no tocar. Nada de eso. El practicante de Dharma hace todas estas cosas pero sin apegarse. No deja que su mente se apoye en ninguna de las conciencias. Se da inmediatamente cuenta de que es un fenómeno transitorio que cambia y que desaparece. Cuando toca sufrir, toca sufrir. Cuando toca gozar, toca gozar. El bodhisattva no huye del sufrimiento ni se apega al placer, simplemente experimenta ambos y los suelta. Al principio puede parecerte un poco complicado de entender, pero con la práctica ya verás como captas su significado.

SOBRE EL AUTOR

Aigo Seiga Castro es Maestro Zen certificado por la escuela budista Zen Soto (Japón). Máster en estudios budistas (con distinción) por la Universidad de Sunderland (Reino Unido). Profesor de budismo en la Cátedra de las Tres Religiones (Universidad de Valencia).

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