¿Te interesa este artículo? Recibe más contenidos como este cada semana, haz click aquí
compartir twittear

Cómo salir de la monotonía de tu práctica

por Maestro Aigo Seiga Castro
compartir twittear
23 de septiembre, 2014 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

Dota de variedad a tu práctica. Cambia el objeto de atención. Si te habitúas a prestar atención a las sensaciones corporales o a la respiración, pasa a otros sentidos como las sensaciones auditivas o las olfativas. Y si insistes en centrar tu atención en un solo sentido, entonces aplica el triple enfoque del que habla el Sutra de los Cuatro Fundamentos de la Atención.

Aplica el triple enfoque de la atención
Atención interna, atención externa y atención interna y externa simultáneamente son los tres enfoques de la atención. Con cada uno de estos enfoques se da una gradación de la atención.

Primero uno empieza por lo interno, que es lo más cercano y lo que uno puede manejar con más facilidad. Después se pasa al siguiente punto, que es la atención externa del entorno que nos rodea. Y por último, el punto más refinado es simultáneamente ambas cosas, la atención va oscilando entre lo interno y lo externo.

Esto es particularmente importante y es una de las características especiales de la práctica Zen: la atención interna y externa simultánea. Uno está pendiente de su práctica, presta atención a su postura, pero también está pendiente de lo que pasa alrededor. Se pregunta a sí mismo ¿es correcta mi posición con respecto a los otros? ¿estoy en armonía con los otros? Si te habitúas a este tipo de práctica excelente, luego en la vida cotidiana te será más fácil estar pendiente de ti y de los otros. Atento a ti, atento a los otros. Es un vaivén, un oscilar continuamente: dentro-fuera, fuera-dentro...

Refina tu práctica
Otro aspecto importante es que refines tu práctica. Si te fijas en las sensaciones físicas, refina tu atención en las sensaciones físicas. Si te concentras en los sonidos, refina tu atención en los sonidos. Por ejemplo, además de prestar atención a los sonidos que oyes habitualmente presta también atención a sonidos más sutiles. Presta atención a sonidos que son aparentemente inaudibles o casi inaudibles.

Esto también se aplica a la observación de los procesos mentales y emocionales. Después de llevar cierto tiempo practicando, uno puede estar habituado a los mismos contenidos mentales. Como si tu mente tuviera una especie de paquete de contenidos habituales, como un canal de televisión en el que siempre ponen lo mismo.

Dicho claramente: esto es una cárcel. Una limitación cognitiva y existencial. Pero ¿cómo se sale de ahí? Suscita otros aspectos de tu mente. Si no eres capaz de suscitarlos, dite a ti mismo: estoy abierto a recibir y observar otros contenidos mentales más profundos. Así de sencillo. Esto actuará como una especie de orden que le das a la mente. Después, cuando estés en meditación, deja simplemente que la conciencia del ego (esa que juzga lo que es permisible y lo que no es permisible) permanezca más distendida y deja que afloren otros contenidos para que los puedas observar.

Practica sin limites
Esto es practicar. La meditación no es quedarse sentado como si uno fuera un saco de patatas y pensando “aquí estamos con el mismo rollo de siempre”. Tu práctica debe ser creativa e imaginativa, no estar siempre encerrado y confinado en lo mismo. Para que eso sea posible déjate fascinar por tu atención. Fíjate en los detalles, asocia y relaciona cosas. El punto clave es darse cuenta que tu mente está limitada.

Esto es muy importante: ser consciente de los límites nos permite abrirnos a un límite más amplio. Pero si uno no es consciente de los limites y además se cree lo que hay dentro de sus limites, la misma práctica se convierte en un obstáculo. Lo que se suponía que nos sirve para liberarnos (para llevarnos más allá) se convierte en un muro, en una cárcel. Tómate tu practica de meditación como un espacio de libertad, de creatividad, de refinamiento. Recuerda en todo momento lo que eres realmente: un ser despierto, un buda. Y practica en todo momento desde esa actitud, porque si practicas desde una mente ordinaria tu práctica se convierte en ordinaria (compártelo en Twitter).

A esto se le llama de muchas maneras en la tradición Mahayana. El Maestro Dogen lo llamaba “tener una fe inquebrantable en nuestra naturaleza de Buda”. En otras tradiciones de Dharma, como por ejemplo la Vajrayana, lo llaman “orgullo Vajra”: el orgullo de la actitud del ser la deidad, el Buda o el Bodhisattva que uno visualiza. Esta es la actitud básica de la práctica del Zen Soto: sentarse como un Buda. No sentarse como un individuo ordinario. Aunque uno esté simplemente contando la respiración o pendiente de sus pensamientos. Da igual... no importan los aspectos. Lo que importa es la actitud con la que lo haces.

Ofrécete la libertad
Si llevas años practicando, a estas alturas se supone que debes administrar y gestionar adecuadamente tus impedimentos. Por lo menos los más difíciles y obvios. El practicante adecuado es aquel que optimiza su práctica, no espera a que su maestro le diga que está equivocado.

Ya sé que cuesta mucho esfuerzo vivir como un Buda. A uno en el fondo lo que le gusta es ser un individuo ordinario. Le encanta ser una víctima: “pobrecito o pobrecita de mi, el mundo está en mi contra” . Ofrecerse a sí mismo la libertad, ofrecerse a sí mismo la conciencia clara es muy fácil decirlo y muy difícil hacerlo. Simplemente porque a uno se le acaban las excusas, ya no hay nadie a quien echar la culpa ni a quien quejarse. Uno está solo, completamente solo: yo y mi conciencia, yo y mi karma, yo y mis impedimentos. Y eso da mucho miedo... mucho miedo. Pero aquí estamos, esta es nuestra posición existencial. No tenemos otra.

El Buda no es aquel que tiene 16 metros (como en las representaciones clásicas), sino aquel que se da cuenta de las propias limitaciones personales y hace algo para trascenderlas. No se queda muerto de miedo y llorando como un niño. Tiene coraje y da un paso al frente. El Maestro Dogen lo representa de una manera muy gráfica en el Shobogenzo Zuimonki: el hombre o la mujer de la Vía son aquellos que cuando llegan al borde del abismo dan un paso al frente. O como dice el Sutra del Corazón: el Bodhisattva confía en la Prajñaparamita, se sostiene en la Prajñaparamita. Y la Prajñaparamita no es otra cosa que el más absoluto vacío.

Sigue adelante
Volviendo al tema original... dale color, dale profundidad, dale densidad a tu práctica. No te quedes encerrado y confinado en lo que ya sabes. No te quedes en el camino trillado de lo cotidiano. Mira más allá y experimenta más allá. Ten en cuenta que tu conciencia tiene una capacidad de expansión ilimitada. Sólo hace falta que tú te des permiso para que esto suceda. No basta con saber que eres un buda, que tu conciencia está iluminada... y todo eso: Hazlo realidad, practícalo.

SOBRE EL AUTOR

Aigo Seiga Castro es Maestro Zen certificado por la escuela budista Zen Soto (Japón). Máster en estudios budistas (con distinción) por la Universidad de Sunderland (Reino Unido). Profesor de budismo en la Cátedra de las Tres Religiones (Universidad de Valencia).

compartir twittear

opinión

Profundiza en tu práctica
ENSEÑANZAS - VÍDEOS - ARTÍCULOS - RETIROS

Últimas Publicaciones

También en opinión

¿Violencia o compasión? tú eliges

Maestro Aigo Seiga Castro

Centro Zen Abhirati
Tierra del Buda
Blog del Centro Zen Abhirati
Copyright © 2017 Tradición Budadharma Zen Soto