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Inserta una conciencia de paz y transformarás este mundo violento

por Maestro Aigo Seiga Castro
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31 de marzo, 2016 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

En nuestra vida cotidiana realizamos numerosos actos de inserción: monedas en máquinas expendedoras, contraseñas en internet, números de clave en móviles y cajeros, y un largo etcétera. El resultado de dichas inserciones es idéntico: obtenemos el objeto de nuestro deseo, ya sea una botella de agua, dinero en efectivo, o tener acceso a información; la relación entre causa (inserción) y efecto (obtención del objeto) es directa e inmediata. Este sencillo proceso de inserción nos produce una inexplicable sensación de satisfacción. En nuestro fuero interno, albergamos la convicción de que, gracias a estas discretas decisiones de inserción, estamos creando el mundo en el que vivimos.

Significativamente, dicho proceso de inserción que aplicamos en el plano material, también funciona en el plano cognitivo y emocional. La constatación declarada por el Buda de que “todos los seres vivos desean la paz y la felicidad y evitan el sufrimiento” suscita nuestra inmediata aprobación, pero, ¿cómo crear esta paz y felicidad de modo continuo y obtener sus frutos en nuestra vida y en el entorno social que compartimos? La respuesta estriba en saber de qué modo se originan nuestras acciones y cuales serán sus efectos. En el origen de nuestras palabras y acciones corporales se hallan determinados pensamientos, o mejor dicho, las primeras y más decisivas de todas nuestras acciones son de origen mental y emocional. Por tanto, dependiendo de cual sea la cualidad de nuestros pensamientos, así serán los resultados que obtendremos.

En nuestra mente anidan dos tendencias: una dirigida hacia la paz y felicidad con resultados pacíficos y felices, y otra hacia el sufrimiento con resultados violentos y dotados de sufrimiento. Si nos damos cuenta de las consecuencias presentes y futuras de tomar una tendencia u otra, podremos elegir la tendencia hacia la paz y felicidad y desechar su opuesta. Según esto, la paz es un estado de conciencia que sólo se manifestará si decidimos hacerlo consciente. Pero esto no basta, es necesario cultivar este estado de paz, familiarizarnos con el hasta convertirlo en nuestra forma natural de ser. Para ello, uno de los mejores métodos para conseguirlo consiste en una práctica regular y guiada de meditación, es la condición más favorable para desarrollar este refinado estado de conciencia denominado paz interior.

Ahora bien, ¿de qué está hecha dicha paz interior? Se compone de sabiduría, es decir, de observar las causas y efectos de nuestras acciones desde un enfoque ético, y además, de la capacidad para integrar los opuestos, antídoto definitivo contra la mente violenta, caracterizada por construir toda clase de opositores y enemigos para vencerlos o destruirlos; de ecuanimidad, que significa aceptar plenamente la realidad de nuestra vida y la de otros sin apego ni rechazo; y de respeto, entendido como el abandono de toda clase de maltrato.

Pero esta paz interior, aún siendo beneficiosa, no es suficiente para transformar las injusticias que proliferan en nuestro mundo. Para que nuestra paz interior sea de utilidad pública y no degenere en una egocéntrica anestesia desentendida de la realidad del sufrimiento, necesita producir su consecuencia natural: la acción no violenta. ¿En qué consiste? Ante todo, en una actitud de empatía, esto es, salir del ensimismamiento para sentir y experimentar el sufrimiento del otro como propio. A dicha empatía le acompaña su aspecto práctico, la compasión, es decir, “siento tu sufrimiento como propio y voy a hacer lo mejor que sepa para remediarlo”.

Así como insertando una moneda o una contraseña cambiamos el mundo, de igual modo, insertando conciencias comprometidas de paz y no violencia transformaremos este mundo en uno menos violento, un mundo en el que todos los seres podamos vivir en paz y dejar vivir en paz. Nuestro largo viaje hacia la paz mundial habrá comenzado cuando dotemos de eficacia no violenta la paz que hemos decidido crear en nuestra mente.

SOBRE EL AUTOR

Aigo Seiga Castro es Maestro Zen certificado por la escuela budista Zen Soto (Japón). Máster en estudios budistas (con distinción) por la Universidad de Sunderland (Reino Unido). Profesor de budismo en la Cátedra de las Tres Religiones (Universidad de Valencia).

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