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Exhortación universal para el zazen definitivo

por Dogen Zenji
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19 de noviembre, 2008 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

Introducción
Sin duda, el Fukan za zen gi constituye el texto de Dôgen más popular y difundido. Sin embargo, su brevedad y aparente simplicidad encubre un contexto y significados mucho más complejo. El Fukan za zen gi se presenta como un manual para la práctica de la meditación sentada (za zen), pero no se limita a eso. Si bien Dôgen tuvo como modelos varios textos similares redactados por anteriores maestros budistas chinos, aquí introdujo dos modificaciones clave: describir su método singular de meditación, conocido como “sólo sentarse” (shikan taza) y declarar su autonomía institucional frente a las demás corrientes budistas implantadas en Japón.

Otro aspecto relevante a tener en cuenta es que existen dos versiones del Fukan za zen gi con contenidos marcadamente diferentes. La primera, redactada en el 1233 y que es la traducida aquí, y la segunda, incluída en su antología Eihei koroku, escrita en 1244. Esto evidencia una continua reelaboración del texto a lo largo de su vida, con un escrito inicial donde enfatiza la descripción del proceso meditativo, y otro posterior donde subraya su consumación. Por tanto, en vez de considerarse antagónicas, ambas versiones engarzan una complementariedad indisoluble, es decir, la primera no podría entenderse sin la última y viceversa.

El texto se abre con una hilera de preguntas sobre la inutilidad de la práctica del Dharma, pues todos los seres “ya están innatamente iluminados”. Aquí Dôgen hace una crítica irónica a un postulado muy popular de su época, la “iluminación original” (hongaku) emanada de círculos Tendai. El resto del Fukan za zen gi es la contundente respuesta a dicha perversión doctrinal: sin la práctica correcta junto a la guía correcta, es imposible manifestar iluminación alguna, ni “innata” ni “adquirida”.

Otro punto clave a tener en consideración es que Dôgen no desecha la actividad mental per se. Sólo desea que el meditador vaya más allá, se sitúe en un ámbito que rebasa el dominio de la mente discursiva, para después, retornar al “pensamiento recto”, pero esta vez liberado de la ilusión y cargado del “poder del samâdhi”, y con él, interactuar con los seres y el mundo de manera fructífera y transformadora. En este sentido, convendrá señalar que el Zen enseñado por Dôgen contiene “un gran gozo y una gran paz”, en el fluye la calma, la pureza y la alegría; por tanto, es completamente ajeno a ese Zen distorsionado, “adusto” “duro” y “sufriente”, preconizado en ciertos ámbitos alejados de su sentido primigenio.

La presente traducción se basa en el texto original en caracteres chinos (kanji) reproducido en el canon Taishô (T.), y la versión japonesa homónima tal como se recita, estudia y practica diariamente en el monasterio Zuiô-ji (Japón).

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