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El Dharma para relacionarse con enseñantes senior de cinco retiros de verano

por Dogen Zenji
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26 de noviembre, 2008 - Recibe notificaciones de nuevos artículos como este aquí

Introducción
Sin duda, el Maestro Dôgen no exagera cuando afirma que, si estos principios: “no los estudias ni practicas, el sendero de los Maestros Ancestrales degenerará y el dulce néctar del Dharma se extinguirá”. Originados por el propio Buda Sakyamuni al interactuar con sus discípulos, todos y cada uno de estos principios tienen por objetivo convencional la estabilidad y fluidez de la Sangha, entendida como grupo humano que conserva y enseña el Dharma a través del tiempo. Ahora bien, desde la perspectiva Zen, el sentido esencial de estos 62 puntos no es otro que cultivar una relación armoniosa y fructífera entre maestro y discípulo, mostrar la posición dhármica exacta de ambos en todo momento.

Si en el mundo humano ordinario resulta imprescindible el mantenimiento de relaciones armoniosas para llevar a cabo cualquier función, en el ámbito espiritual no podría ser distinto. En un sentido básico, todo está constituido por relaciones, desde los factores que integran las partículas subatómicas, los sistemas solares y las sociedades humanas. Si es evidente que todo es relación, entonces, ¿cuál ha de ser la relación correcta entre maestro y discípulo en el ambito del Dharma? El presente texto ofrece una respuesta detallada y clara al respecto. Lejos de no ser más que un puñado de normas obsoletas, propias para orientales que “gustan de la jerarquía”, es, en palabras de Dôgen Zenji, el dulce néctar que ha mantenido, mantiene y mantendrá viva la Sangha generación tras generación.

Se afirma comúnmente que Occidente ignora todo lo referente a la relación maestro/discípulo, que es un terreno abonado para confusiones y malentendidos; y es cierto. Nuestra cultura no ha desarrollado nada parecido al arquetipo de una figura normal en todas las civilizaciones orientales: el Maestro espiritual. Se trata de un grave tema pendiente en la asimilación eficaz del Dharma en Occidente, del que tiene que aprender, y mucho, de Oriente. A este respecto, el presente texto ofrecerá una guía iluminadora para orientarse en este terreno aún por asimilar. Muestra con precisión que una relación válida entre maestro-discípulo, engloba no sólo factores mentales y verbales, sino también corporales y no verbales, integrados de forma maravillosamente armónica. Mientras que ciertas normas apuntan a lo obvio de una relación respetuosa y cortés entre maestro y discípulo, otras en cambio, dejan atisbar un espacio interpersonal sutil comprensible únicamente por los individuos incluidos en éste. Es a partir de esta base sincrónica donde pueden darse los encuentros-diálogo iluminadores, los intercambios verbales/inefables característicos del Vehículo Zen.

Otro punto destacable de este texto clave es su énfasis en lo que podría denominarse el “aprendizaje continuo”. Desde el comienzo de la práctica hasta su realización última, el practicante siempre se encontrará con un Sénior, es decir, con alguien más evolucionado espiritualmente que él mismo. Ante esto, todo practicante ha de cultivar una actitud receptiva y humilde, así podrá aprender más, recibir más, desarrollárse más. Es común entre los maestros Zen extremo orientales el dedicarse al aprendizaje de algún aspecto concreto del Dharma o una disciplina relacionada, sin importar lo avanzado de su edad o su estado de salud. Lo esencial es situarse siempre en “aprendizaje continuo”. De este modo, uno comprenderá que la consumación del Sendero no tiene fin y el proceso de perfeccionamiento no termina nunca. Dôgen se refirió a este punto con las expresiones “no manchar la práctica” y “práctica sin principio ni fin” (gyoji).

Si se atienen a esta guía maravillosa, tanto el monje como el seglar, tanto el practicante principiante como el avanzado, transitarán seguros por ese vasto Reino del Dharma que es tan “raro y difícil de encontrar” sin dejar de saborear su exquisito néctar.

La presente traducción se basa en el texto original en caracteres chinos (kanji) reproducido en el canon Taishô (T.), y la versión japonesa homónima tal como se estudia y practica cotidianamente en el monasterio Zuiô-ji (Japón).

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