Desde una perspectiva específica y, en correspondencia con los puntos comunes aceptados por todos los Vehículos del Budadharma, los principios distintivos de la TBZS se sintetizan en cinco puntos.



1. Fe/Veneración

Dogen Zenji Keizan Zenji Buda ZenUna creencia muy extendida pretende desvincular la tradición Zen de su fundamento transmundano, presentándola como un sendero apto para escépticos en asuntos espirituales. Sin embargo, todas las enseñanzas coinciden en señalar a la fe/veneración en los Tres Tesoros (Buda, Dharma, Sangha) como la principal puerta de entrada al Budadharma. La fe/veneración puede adoptar múltiples formas y adquirir diversos grados de profudidad, pero en cualquier caso, todas serán expresiones de lo que Dôgen Zenji denominó como la comunicación empática (kanno doko) que se establece entre los Budas-Ancestros y cada practicante.


Fiel a dicha orientación, la TBZS contempla la fe/veneración como el fundamento de la práctica-estudio del Budadharma y la condición indispensable para su desarrollo: “Para aquel que practica el Sendero del Buda, lo primero que necesita es tener fe en el. Tener fe en el Sendero del Buda es tener fe en el hecho de que uno se halla en el seno del Sendero desde el origen, que uno es libre de ilusiones, percepciones falsas y perversiones; uno tiene fe en el hecho de que aumento y disminución no existen, así como tampoco existe el error. Aquel que haya producido una fe así, que haya comprendido cabalmente este Sendero y lo practique de acuerdo a ella, posee el fundamento para el estudio del Sendero” (Gakudoyojin-shu, IX).


2. Budadharma Integral

Otra tendencia muy popular, aquella que afirma “el Zen es za zen”, distorsiona la tradición Zen presentándola como una técnica meditativa focalizada exclusivamente en la postura sentada. Por el contrario, una observación real del Budadharma Zen permite reconocer que el za zen, aún siendo una práctica fundamental, se inserta en un contexto más amplio que incluye otras prácticas esenciales. Una enseñanza clave afirma que es necesario purificar y transformar las tres modalidades de karma: cuerpo, palabra y mente con enfoques específicos e interrelacionados.


En este sentido, la TBZS subraya como igualmente importantes la práctica integrada de postraciones, recitación de Sutras/Dharanis/Mantras, za zen, la realización de diversas responsabilidades características del Budadharma Zen, y especialmente, la expresión de dichas prácticas en una relación eficaz y compasiva con los seres y el mundo: “La experiencia íntima de encontrarse con el Buda es realizar tres postraciones, unir las manos e inclinarse, un rostro que sonríe, una mano que emite un chasquido de dedos, unas piernas cruzadas sentadas sobre un cojín” (Shobogenzo Kenbutsu).


3. Unidad Zen-Sutras

Sutras ZenAsimismo, otro enfoque generalizado por ciertas corrientes de la tradición Zen misma, afirma un antagonismo entre la fuente inspiradora del Zen y las enseñanzas de los Sutras. Son aquellos que, como describió un antiguo maestro: “Con frecuencia hablan de abandonar los Sutras y consideran que el Zen consiste exclusivamente en sentarse y guardar silencio”. Según esto, enfatizan un supuesto carácter inefable del Zen. Sin embargo, dicha distorsión elude la evidencia de los hechos. Lejos de negar el lenguaje y los Sutras, la tradición Zen tiene en ambos su fundamento. Dôgen Zenji y todos los Ancestros del Linaje Zen, muestran la captación del Zen “a través del lenguaje” y su enraizamiento en la Palabra del Buda. Sobre este punto, los grandes maestros nos legaron una indicación preciosa: “Los Sutras son las palabras del Buda, el Zen es la mente del Buda; no hay ninguna discrepancia en absoluto entre lo que el Buda concibe en su mente y lo que declara con su voz”.


A este respecto, la TBZS da primordial importancia a la práctica-estudio basada en la relación con el Maestro en correspondencia con los Sutras y Tratados del Budadharma, considerándolos como factores interdependientes e indisolubles: “El establecimiento del propósito inicial se basa en los Sutras y en el Maestro, la práctica se basa en los Sutras y en el Maestro, y la experiencia del fruto también es completamente íntima con los Sutras y el Maestro” (Shobogenzo Bukkyo).


4. Unidad Zen-Budadharma

Como prolongación del punto anterior, otra malinterpretación arraigada en Occidente, sobretodo a partir del pensamiento propagado por D. T. Suzuki, presenta el Zen como una “pura experiencia” subjetiva, ahistórica y transcultural. Según esto, el Zen se presenta como “la religión anterior a todas las religiones”, que trasciende todo marco institucional y doctrinal. Así se justifica que el Zen pueda combinarse sin reparo con cualquier religión, filosofía o psicología (cristianismo, existencialismo, marxismo, psicoanálisis, etc.). Pero la evidencia de los hechos históricos, teóricos y realizativos del Zen muestran lo contrario: su vinculación exclusiva e incontrovertible a la experiencia y enseñanza del Buda Sakyamuni. Soslayar dicha vinculación implicaría negar la naturaleza misma del Zen para convertirlo en una aberración ideológica pura y simple. Por consiguiente, la TBZS considera de importancia primordial contrarrestar tal deformación afirmando el ámbito legítimo del Zen: “La escuela Zen aprende del tesoro del Budadharma y mantiene los preceptos purificadores del Buda, por ello se denomina el Zen del Buda” (Kozen gokoku ron III).


5. Responsabilidad Ética

Preceptos Zen Etica Zen Sila VinayaPor último, también se hallan extendidas opiniones erróneas como: “el Zen está al margen/trasciende la moral”, o bien, “como todo es vacío, no importa lo que uno haga: todo está bien”. Pero resulta históricamente muy conocido a qué desastrosos resultados condujeron tales perversiones nihilistas y amorales del Zen (monjes “locos” y “excéntricos”, la “no-práctica de la iluminación original”, “zen samurai”, imperialismo japonés, “zen beat”, etc.).


Como antídoto a tal distorsión, la TBZS subraya la identidad original entre Zen y Preceptos (zen-kai ichi), constituyendo los segundos el fundamento insoslayable del primero: “Preceptos éticos (sila) y reglas monásticas (vinaya) son la causa de que las enseñanzas del Buda perduren por largo tiempo. Por tanto, la escuela Zen contempla a sila y vinaya como sus principios” (Kozen gokoku ron III).


La responsabilidad ética según la TBZS se basa en los diez actos saludables aplicados al individuo, y en las cuatro virtudes omnímodas aplicadas a los seres y al mundo. Los diez actos saludables constituyen el fundamento ético común a todos los Vehículos del Budadharma: No quitar la vida; no apropiarse de lo ajeno; no tener una conducta sexual errónea; no hablar falsamente; no hablar maliciosamente; no hablar groseramente; no hablar frívolamente, no codiciar; no tener malevolencia y no sostener perspectivas erróneas. Las cuatro virtudes omnímodas consisten en modalidades de sabiduría practicadas por los Bodhisattvas para beneficiar a los seres: generosidad, lenguaje amable, conducta benéfica y cooperación.


En base a dichos principios éticos, el propósito último de la práctica Zen no es alcanzar una “realización privada”, sino la transformación integral del individuo y del mundo con el que se relaciona. En este sentido, la TBZS es sensible y activa en todas las áreas de compromiso ético, interpersonal y ambiental que tienen por finalidad la purificación mental de los seres y la convivencia armoniosa con el mundo natural.